viernes, 5 de noviembre de 2010

Parte 2

He hablado con el Rey, está realmente desesperado, y todos sus súbditos también los están, era desesperante estar en aquel hall viendo la gente pasar con cara de miedo por los mismo Yotam, nunca vi nada igual. Al fin y al cabo no pude entender nada de lo que me hablaban, solo tartamudeaban.

Fue un desperdicio entrar en Timni, quede totalmente decepcionado, hasta que… antes de salir del castillo una mujer me tomó por el brazo y me arrinconó en unos de los pasillos. Según lo que me conto era todo una farsa con respecto al desespero del rey, y el único que podía salvar su hermana era yo, esta mujer es la hermana de Micaela! Aunque el desespero del rey era real, no era una preocupación por su hija, sino por los Yotam que una vez pertenecieron a Timni y ahora intentan entrar a toda costa, rabia es lo que fluye por sus venas.

Esta mujer me lo suplico, así que fui a buscar a su hermana, sabiendo el lugar adonde la tenían secuestrada era solo cuestión de agilidad y astucia para encontrarla y de una vez obtener lo que tanto Raveh quiere.

El pueblo Yotam (alias llamado Eben) está cruzando un rio interno de la misma cueva, no era tan grande como para que sea imposible de cruzar pero tenía una fuerte corriente dejando paso a la unión entre las dos tierras un único puente. Mientras cruzaba el puente una carava de Eben que se dirigía a Timni noto que era un extraño y no me soltaban la mirada de encima, un anciano se bajó y solamente me dijo: “Mátala”, se arrodillo y envuelto en un trapo dejo sobre el suelo un sable muy antiguo, así se levantó subiéndose a su camello para llevarle suministros a aquellos Yotam que acampaban a las puertas de Timni.

Tomé el sable sacándole el viejo trapo para retirar la vaina y ver su filo, pero accidentalmente me rozó la hoja de este produciéndome un pequeño corte. Era imposible pero un tremendo dolor me empezó a surgir a partir del corte hacia todo el cuerpo, rápidamente aplique lo que conocía de primeros auxilios sobre la herida pero el dolor no cesaba, la visión empezó a ser borrosa y aunque el dolor estaba disminuyendo sentía un mal estar natural, como si lo hubiese soportado toda mi vida. Me tumbe y descanse hasta sentirme mejor.

Creería que al poco tiempo fui despertado por una niña un tanto curiosa y simpática. No soltó una sola palabra, pero de cierta forma me sentía cómodo con ella de mi lado ya que últimamente nadie muestra interés por otro que no sea uno mismo. En el momento que le quise preguntar su nombre un gran dolor de cabeza me comenzó a dar de tal forma que en la desesperación termine corriendo por el terror de la situación.

Tampoco es estoy seguro pero me levante del piso habiendo cruzado el puente, me sentía peor que nunca, pero el dolor era soportable. Recordé y al mirar hacia atrás estaba el sable que me entrego el anciana de Eben, no tenía la certeza de si realmente debería volver a por él, pero eso fue lo que hice, volví.

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